Pasó dos días fuera del hospital viendo el marEnfermo de distrofia muscular y con una discapacidad psíquica, Pazos solamente dejó las instalaciones durante dos días, cuando un celador se lo llevó a ver el mar a las Rías Baixas. El resto del tiempo lo pasó en su habitación, viendo la televisión, disfrutando del queso y aborreciendo la sopa, según recoge La Voz de Galicia.
Después de tanto tiempo en la misma habitación contaba con ciertos privilegios: la cama orientada hacia la ventana, cubiertos con sus iniciales y los mimos de los enfermeros y médicos. Cobraba además una pensión que gestiona la Fundación Sálvora, encargada de su tutela desde 1993, con la que Agapito pudo comprar la televisión.
En el hospital le recuerdan como a una persona tierna, con un poco de “mala uva” y con una sonrisa que sólo se apagó tras ser operado de un cáncer de estómago y sufrir un ictus. Años antes, un juez había impedido que fuera trasladado a una residencia para que su salud no se viera dañada, en lo que supuso una “medida excepcional”.
Sólo con su muerte el pasado viernes se conocieron los apellidos del famoso paciente de la habitación 415 (Pazos Méndez) y su lugar de nacimiento (Lalín). Ahora sus restos descansan en el cementerio de Pontevedra.



